Galería
Ubicado en el barrio de Usera en Madrid, os presentamos nuestro espacio físico: galería y librería. En ella podréis contemplar una parte de nuestra colección de grabado japonés, que estará siempre expuesta, así como la obra de los diferentes artistas que temporalmente vayan colaborando con nosotros.
Compuesto por los ideogramas 風 “viento” y 土 “tierra”, FÛDO es el concepto japonés para “medioambiente”, designando la unidad antropo-ecológica formada por el clima, el paisaje y la cultura. Dada la condensación semántica del término, el filósofo Tetsuro Watsuji, otorgó ese título a su famoso ensayo de antropología filosófica. “El ser humano”, nos dice Watsuji, “no es solamente portador del pasado en general”, es decir, del linaje humano, de su sociedad y sus tradiciones, de su historia, “sino que acarrea en su cuerpo un pasado determinado por el clima y el paisaje”. Entre árboles, entre arena y espuma, entre coches y edificios, entre valles y montañas, los humanos nos hacemos en la historia con el paisaje, y ello determina nuestro modo de construir comunidad, nuestro aprendizaje de lo que supone ser humano, cualifica nuestra capacidad de ser persona. Algo así intuía el filósofo vasco Miguel de Unamuno cuando escribía, en recuerdo de su tierra natal:
"aquellos paisajes que fueron la primera leche de nuestra alma, aquellas montañas, valles o llanuras en que se amamantó nuestro espíritu cuando aún no hablaba, todo eso nos acompaña hasta la muerte y forma como el meollo, el tuétano de los huesos del alma misma."
Sin embargo, aún a día de hoy, y a nuestro pesar, el clima y el paisaje siguen siendo el simple decorado de fondo en una historia humana eternamente ajena a las vicisitudes ambientales. Es por ello que, junto a Watsuji, reivindicamos resucitar la sustantividad del paisaje, poner en valor la lazada existencial que trenzan paisaje y ser humano en su materialidad.
Porque, efectivamente, nuestro cuerpo humano, como todo cuerpo en su simplicidad, posee direcciones, y sin embargo nunca esas direcciones son descualificadas: arriba puede estar el cielo, la copa de los árboles o antenas 5G; abajo el asfalto o arena de playa; a mis lados, un río, coches pasando, o un muro de carga. Y un paso más allá, mi cuerpo, como cuerpo humano, posee sensaciones igualmente cualificadas: lo agradable de la brisa entre los árboles, el calor abrasador del asfalto, el arrullo de las olas o el olor de los tubos de escape. Esta experiencia pura de nuestra humanidad nos recordará, una y otra vez, que el paisaje importa, que allá donde estemos, seremos siempre el paisaje vivo, que el ser humano es atmosférico, que, en definitiva, el ser humano es Fûdo.